Los caballos como otros herbívoros especializados en la carrera, intentarán huir si se sienten en peligro. Ante el miedo, el escape es la situación más frecuente, pero si están acorralados, sin escapatoria, sólo podrán recurrir al enfrentamiento defensivo, golpeando con los posteriores.

Para evitar que un caballo nos cocee debemos fijarnos en sus gestos, ya que estos detalles aumentarán de intensidad a medida que se incremente el nivel de amenaza y se aproxime a la coz.

Como en el caso de ataque agresivo, las señales inequívocas de enfado son aplastar las orejas hacia atrás y arrugar los ollares. También intentará bloquearnos con su cuerpo, moviéndose para obstruir el movimiento.

Un aumento en la intensidad de la amenaza corresponde a mostrarnos sus cuartos traseros, pudiendo levantar una pata trasera con la que nos advierte que está enfadado y si no tiene salida nos puede golpear.

Las señales defensivas más fuertes son bajar la cola, mostrar los posteriores levantando una pata y retroceder, porque a continuación le seguirá dar una coz.