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  • La verdadera llegada de los caballos a Norteamérica

    A veces parece que los europeos pusimos todo lo que hay en América, incluidos los indios. Pasa igual con los caballos en América. Es verdad que la historia del caballo en América que conocemos, básicamente por las películas de indios, para más señas, deriva de dos acontecimientos muy concretos:


    1. En su primer viaje, Cristóbal Colón dejó 30 caballos en la isla que él bautizó con el nombre de "La Española". Y es curioso pensar como el caballo, cuyo período de gestación es de 11 meses, y que no tiene más que una cría en cada parto, a pesar de ello se multiplicó lo que no está escrito. Como si de conejos se tratara, vamos. Ya se sabe que el clima del Caribe genera estas calenturas.
    2. Paralelo a este hecho, hay que considerar otro producido pocos años después. El osado Hernán Cortés llegó a México con 16 caballos, entre los cuales se sabe que 11 eran sementales (parece que altamente productivos) y el resto yeguas (igual de afectadas por el clima cálido). También fueron un núcleo de producción amplia y creciente. A nivel puramente anecdótico digamos que entre los 11 sementales uno era especial, Morzillo, el caballo de Hernán Cortés, con el que hacía tan buena pareja, que los indígenas llegaron a pensar que Morzillo y Cortés eran lo mismo, el binomio perfecto, un fiero centauro cuya sola presencia les aterrorizaba.




    Colón llevó 30 caballos

    Pues bien, sabemos que esas dos circunstancias dibujaron el caballo de las películas de indios que hoy conocemos. Tan es así, que cuatro siglos después de esos primeros 30 caballos de Colón había nada menos que unos 25 millones de caballos en el continente. Insisto en que no eran conejos ni se reproducían como tales, sino más bien todo lo contrario. Cualquiera que conozca actualmente el proceso de gestación, parto y cría de un potro puede pensar en lo que podemos calificar poco menos que del milagro del caballo en América.

    Sin embargo, la teoría más asentada en las comunidades científicas habla de la existencia en América, nada menos que 55 millones de años antes, del eohippus, el antecedente equino del conteinente. Su pequeño tamaño recuerda mucho a un perro actual. Pensemos entre 20 y 40 cm de altura. Es decir, pequeño como un perro y con cuatro dedos en las patas anteriores y tres en las posteriores.

    "Caballos" con dedos

    La evolución le proporcionó más tamaño, del orden de unos 110 a 120 cm de altura. Y evolucionó también hacia la pérdida de los dedos, que acabaron transformados en uno sólo y, más tarde, éste en una pezuña. Como suele ocurrir, una evolución a mano de la necesidad, porque el dedo único, o la pezuña, facilita la huida de los depredadores.

    También la evolución hacia la aparición de las mandíbulas fue otra ayuda de supervivencia. Se desarrolló hasta llegar a la especie conocida como equus, origen del actual nombre de equino, que da origen a toda la familia del caballo.

    Este equus caballus pasó a Asia a través de pasos naturales que existieron hasta las postrimerías de la época de los glaciales; realmente hasta fechas relativamente recientes, algo así como nueve milenios antes de Cristo. Pues bien, durante un millón de años el equus pasaba a Asia y de ahí a Europa. Paradójicamente, cuando los glaciares se deshielan, América queda aislada y en un milenio los caballos se extinguen en América, sin que las causas hayan llegado a conocerse a ciencia cierta hasta la fecha.

    El caballo viajó de América a Asia

    Eso sí, la salida del equus hacia Asia había dado lugar a cuatro especies relacionadas con él: los caballos en Europa y Asia occidental, los asnos del Norte de África y las cebras en el sur de África y onagros en Medio Oriente. Y ahí se produce el milagro de la Historia, como tantas veces, porque el equus caballus que sale por el norte de América hacia Asia y Europa a través de los pasos naturales de los glaciales, y que desaparece totalmente en el continente Americano, vuelve en el siglo XV a América, transformado en el caballo que hoy conocemos, en los barcos de los conquistadores españoles.

    Poco a poco, se extiende el caballo y su uso, generando una conocida cultura del caballo en las tribus nativas de América. El caballo se introduce en las actividades de la vida corriente poco a poco, y especialmente a partir del siglo XVII, prolongándose hasta mediados del XIX. Fue, como siempre, la necesidad hecha virtud, porque el caballo se convirtió rápidamente en una poderosa herramienta de caza, de tráfico y de guerra.

    Así es como nos los encontramos en las películas asociados a las tribus más conocidas en nuestros días, gracias al cine: sioux, pies negros, crow, cheyennes, arapaho, kiowas y comanches.

    La caza del bisonte facilitó la expansión del caballo

    Otro animal mítico en la zona, el bisonte, ayudó a esta expansión equina. Tradicionalmente muchos pueblos vivían de la caza y de la agricultura. Al comenzar el verano grandes manadas de bisontes cruzaban las llanuras. En esas circunstancias, los indios se lanzaban a la caza del bisonte, generalmente provocando estampidas hábilmente dirigidas, que daban lugar a su despeñe por un precipicio. Si bien es cierto que también se usaba para cazar el arco y la flecha. Incluso después de la introducción del rifle, los indios continuaban usando sus armas tradicionales.

    De la importancia del bisonte en las tribus americanas habla el uso que se le daba y el provecho para la comunidad que de él se extraía. Salvando las distancias, podría decirse como en nuestra civilización con el cerdo: que de él todo se aprovecha. Del bisonte se aprovechaba la carne para la alimentación, la piel para el vestido y ropa, los cuernos y huesos para fabricar utensilios de distinto tipo, los excrementos secos como combustible, etc.

    Y aquí es donde vieron con el tiempo que el uso del caballo multiplicaba la caza por dos. Una razón más que convincente para adoptar su uso, a pesar de no pocas reticencias y miedos iniciales.



    Caballo para caza y guerra

    Con los españoles en Nuevo Méjico, donde los rancheros se valían cotidianamente del caballo, los pueblos indígenas fueron adoptando poco a poco el uso del caballo en sus actividades diarias más usuales, como eran la caza y las trifulcas. Sobre todo, empezaron a extenderse desde el siglo XVII de la manos de los conflictos habituales, en el marco del tráfico de armas, en el trueque por pieles. Así se extendieron por zonas como Nuevo México, Kansas, etc. Especial y loada habilidad alcanzaron a lomos del caballo los comanches en Texas.

    En la Wikipedia puede verse como en el siglo XVII los grupos de Dakota, entre los que se encontraban los Sioux, emigraron a las grandes llanuras y empezaron a adoptar el caballo en las cacerías de bisontes. Su clarísima utilidad, como he señalado antes, tanto para la caza como la guerra, facilitó enormemente su uso entre las tribus.

    Y el caballo llegó a la Patagonia

    Por última, no quiero dejar de señalar que también más al sur del continente, en los pueblos de la Patagonia y de la Pampa, en amplias extensiones de lo que hoy puede ser Chile, Paraguay, Uruguay y, sobre todo, Argentina, los pueblos adoptaron el caballo con verdadera pasión y alcanzaron cotas de gran profesionalidad y habilidad que hoy perduran. Igualmente se convirtió en una inestimable ayuda para lograr vestimenta, comercio, caza, vivienda, contiendas bélicas, etc. permitiendo su expansión por los amplios territorios de la zona.

    Imágenes de los indios Pingo sudamericanos:

    Este artículo fue publicado originalmente en el tema del foro: La verdadera llegada de los caballos a Norteamérica iniciado por Esther Ver mensaje original